Como toda profesión que se relaciona con terceras personas, y que presta servicios a sus “clientes”, también la profesión de mediador/a debe tener un código deontológico, que incluya ética y práctica.

CÓDIGO ÉTICO

Para todas aquellas personas que nos dedicamos a la mediación, debemos reconocer nuestros limites, buscando ser profesionales especializados para realizar mediaciones eficaces.

El código ético establece que las personas mediadoras tenemos obligaciones hacia las partes, hacia la profesión y hacia nosotras mismas.

Como profesionales de la Mediación, debemos desarrollar normas que establezcan practicas aceptables.

La aceptación publica y profesional del papel que ha de ejercer una mediadora o mediador, será mayor cuando las normas de la práctica se desarrollen y se den a conocer.

No hay que confundir las normas de práctica con la ética, las normas de práctica ayudan a esclarecer los objetivos de un servicio (Manual de Mediación), la ética son garantías mínimas de todo procedimiento.

La ética de la mediación, es decir los principios básicos sobre los que se asienta, gira en torno tanto a las personas partícipes en un proceso de mediación (las partes enfrentadas), como al propio proceso en sí, y aborda las siguientes cuestiones:

  • VOLUNTARIEDAD
  • NEUTRALIDAD E IMPARCIALIDAD
  • CONFIDENCIALIDAD
  • IGUALDAD ENTRE LAS PARTES
  • BUENA FE
  • CARÁCTER PERSONALISIMO
  • AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD
  • FLEXIBILIDAD

CÓDIGO DE CONDUCTA

Aun teniendo en cuenta las garantías mínimas éticas, anteriormente mencionadas, es posible que la persona mediadora (incluso siendo experto de las técnicas de mediación), tenga dudas y/o algunas preguntas acerca de los límites e impedimentos éticos para usar técnicas en ciertas situaciones o para saber si debe o no iniciar un proceso de mediación.

A medida que la mediación se convertirse en una profesión, se incrementa la importancia de desarrollar normas que establezcan prácticas aceptadas en todos los ámbitos (social, judicial, gubernamental…) y que garanticen la calidad del proceso de mediación.

Trabajar para asegurar un proceso de calidad es alentar el respeto hacia la mediación y ofrecer garantías al proceso y su desarrollo. Por tanto, cuanto más se desarrollen las normas de la práctica, mayor conocimiento y aceptación pública y profesional del papel de la persona mediadora se tendrá. Para ello puede recurrir de manera general a lo expuesto en el:

CÓDIGO DE CONDUCTA PARA MEDIADORES EN EUROPA

Este código de conducta establece varios principios mínimos como son:

  • Competencia (indispensable formación y reciclaje constante teórico-práctico), designación (competencia necesaria para mediar un caso concreto), honorarios de los mediadores (forma en que debe ser remunerada la intervención) y promoción de sus servicios (publicidad honesta y digna de los servicios de mediación).
  • Independencia e imparcialidad (circunstancias que pueden afectar a su independencia o generar un conflicto entre las partes, servir a las partes por igual).
  • Acuerdos de mediación (por escrito y a petición de las partes), procedimiento (comprender las características de un proceso y resolución del conflicto)
  • Confidencialidad (a menos que haya razones legales o de orden público en sentido contrario).

El cumplimiento de estas garantías mínimas, se deja al arbitrio de los mediadores individuales, bajo su propia responsabilidad. Y serán aplicables a todo tipo de mediación en asuntos civiles y mercantiles.

Manifiesta que las organizaciones que proporcionen servicios de mediación pueden desarrollar códigos más detallados adaptados a su contexto específico o a los tipos de servicios de mediación que ofrecen (familiar, escolar, …). Expresa además que la adopción del código de conducta, no irá en detrimento de la legislación nacional ni de las normas que regulen la profesión, en cada país miembro.

Las mediadoras de Ahots&us hemos elaborado este código, basado en la experiencia de muchos mediadores/as y en el Código De Conducta Europeo Para Mediadores.

1 – INTRODUCCION

A – Definición
La mediación es un proceso flexible en el que un tercero imparcial facilita la comunicación y la negociación, y promueve la toma voluntaria de decisiones por las partes en conflicto. La mediación ofrece a las partes un espacio seguro para definir y aclarar sus problemas, comprender las diferentes perspectivas, identificar intereses, generar y evaluar posibles soluciones y llegar a acuerdos consensuados e informados.
B – Extensión
Este código establece las pautas fundamentales para personas que ejercen la mediación en todos los contextos. El código trata los principios de la mediación y los criterios básicos obligatorios de la intervención de la mediadora, sin entrar en estilos o modelos de mediación, respetando necesariamente la rica diversidad de intervenciones de mediación. Este código también deja flexible y libre la actuación en el proceso.

Objetivos

Los objetivos de este código, incluyen:

  • Informar y guiar a la persona mediadora.
  • Crear coherencia y acuerdo sobre la actuación apropiada de la mediadora.
  • Informar a la población.
  • Crear confianza en la mediación.
  • Ayudar a desarrollar la mediación.
  • Servir de referencia para medir la actuación de la persona mediadora.

2 – COMPETENCIA DE LA MEDIADORA Y PROMOCIÓN DE SUS SERVICIOS

A – Competencia
La persona mediadora deberá intervenir cuando tenga la competencia necesaria, incluyendo el conocimiento, la formación, experiencia, aptitud y actitud, que requiera el contexto específico de cada mediación.

La persona mediadora debe obtener una buena formación práctica y teórica de base, y mejorar esta, de manera continua, con el fin de mejorar la calidad de la mediación en general y el servicio a la clientela.

Si en el transcurso de un proceso de mediación, la persona mediadora no puede gestionar la mediación de manera competente, debe tomar las medidas adecuadas, inclusive informar a las partes, solicitar asistencia, o retirarse del caso.

La comediación es una buena manera para aprender, y para incrementar la eficacia de la persona mediadora.

B – Promoción de los servicios de la persona mediadora
Las personas mediadoras podrán hacer publicidad de sus servicios, siempre que lo hagan profesional, honesta y dignamente.

3 – INDEPENDENCIA DE LA PERSONA MEDIADORA

  1. La persona mediadora debe ser libre para actuar.
  2. La persona mediadora debe actuar sin presión, ni manipulación por razones de cumplir cuotas, conseguir acuerdos, honorarios, ni de informar sobre casos que media.

4 – AUTONOMÍA Y AUTODETERMINACIÓN DE LAS PARTES

A – Autonomía
La persona mediadora debe conducir el proceso de mediación basándose en la autonomía de la voluntad de las partes y en su capacidad de autoorganización. Precisamente, la autonomía y capacidad autoorganizativa favorecen la elección de un proceso de gestión de conflictos que requiere de una participación activa, tal como la mediación, en el que las partes llegan de forma voluntaria y libre a una decisión consensuada. En este sentido, las partes pueden ejercer su autodeterminación en cualquier fase del proceso, desde el inicio, durante el diseño del proceso, la participación de otras personas en la mediación, las sesiones individuales o conjuntas, la interrupción del mismo proceso y su finalización con acuerdo escrito o sin él.

Siendo la autonomía de las partes un principio fundamental del proceso de mediación, la persona mediadora debe adaptar tal principio a su deber de conducir y dirigir el proceso con calidad y respetando cada uno de los principios aquí propuestos.

La persona mediadora no deberá, bajo ninguna circunstancia, subestimar o dejar de tener en cuenta la opinión de una de las partes, ya sea por razones personales de interés en lograr acuerdos, cuestiones de autoestima profesional en cuanto a logro de acuerdos en mediaciones, aspectos económicos relacionados con tarifas más altas si el proceso se prolonga o se llega a acuerdo, cuestiones de exigencia procedentes de la Administración o entidad que financia o supervisa dichos procesos, la presión de los medios de comunicación o cualquier otra razón que suponga una presión para la persona mediadora o su equipo o servicio.

B – La libre determinación
La libre determinación es el acto de llegar a una decisión voluntaria, no coaccionada, de manera libre e informada en cualquier punto o tema de la mediación.

La persona mediadora puede tener que equilibrar la libre determinación de las partes con los principios de la mediación para asegurar un proceso de calidad conforme a los principios de la propia mediación.

5 – IMPARCIALIDAD

A – Definición de imparcialidad
Entendemos la imparcialidad como la posibilidad de ejercer la actividad mediadora desde la libertad y ausencia de vínculo con las personas o el tema que se trate. Asistiremos a las partes sin favorecer a una sobre la otra, y sin actuar en perjuicio o beneficio de cualquiera de ellas.

B – Actuación imparcial de la mediadora
Las intervenciones de la mediadora deben fomentar la participación de las partes en condiciones de equilibrio y libre determinación.  Deberá interrumpir o suspender el proceso en aquellas situaciones en las que no le sea posible conducir la mediación de un modo imparcial y debe rehusar si concurren circunstancias durante la mediación que le impidan seguir actuando de manera imparcial.

La persona mediadora no deberá aceptar regalos, favores, dinero o cualquier otro objeto de valor de ninguna de las partes a lo largo del proceso.

6 – CONFLICTOS DE INTERES Y NEUTRALIDAD

A – La persona mediadora deberá evitar un conflicto de interés o la apariencia del mismo, tanto durante el proceso de mediación como posteriormente a finalizarlo. Un conflicto de interés puede presentarse bien por el vínculo con el tema objeto de disputa, o bien por la relación con una parte protagonista del conflicto, ya sea en un momento pasado o actual, en el ámbito personal o profesional, en la medida que sea una cuestión que altere la imparcialidad de la intervención en mediación.
B – La persona mediadora deberá formular preguntas razonables y adecuadas dirigidas a obtener información que le permita comprobar si en algún aspecto su intervención pudiera generar un conflicto de interés con las partes o el objeto de mediación. Estas preguntas o cuestionamientos se formularán en función del contexto concreto, en el sentido que se ajusten a la situación específica y a su percepción de riesgo de generar tal conflicto si continúa con la intervención.
C – La persona mediadora deberá interrumpir su intervención tan pronto como le sea posible, en la medida que cualquier conflicto real o potencial de interés con las partes o los temas tratados puedan afectar a la imparcialidad del proceso y de su gestión. Tras esta interrupción y aclaración, si las partes están de acuerdo, la persona mediadora puede continuar con el proceso.
D – En el mismo sentido que el apartado anterior, si la persona mediadora descubre, una vez iniciada y aceptada la mediación, cualquier situación que pudiera generar un conflicto de intereses deberá finalizar el proceso tan pronto le sea posible. Asimismo, tras esta finalización repentina, acompañada de una aclaración, si las partes están de acuerdo, la persona mediadora puede continuar con el proceso.
E – En el supuesto de que un conflicto de intereses pueda ser considerado una amenaza para la imagen de la mediación, entendida ésta como proceso constructivo, imparcial y pacífico de gestión de conflictos, la persona mediadora deberá finalizar el proceso, aun siendo esta finalización contraria al deseo de las partes.
F – En este mismo sentido, con el fin de salvaguardar la integridad de la mediación, la persona mediadora no deberá establecer una relación con los participantes o los temas a tratar, en la medida que pudieran cuestionar su imparcialidad o ausencia de interés en el asunto.

7 – CALIDAD DEL PROCESO DE MEDIACIÓN

A – Inicio, calidad de información y aceptación consentida
La persona mediadora informará a las partes de su profesión, formacion y experiencia, destacando que servirá de mediadora y no como persona que ofrece un servicio de su grupo profesional. La persona mediadora deberá intervenir únicamente cuando reúna la cualificación profesional adecuada para atender las necesidades de las partes en conflicto, en la medida que pueda gestionar el conflicto tanto en su aspecto sustantivo como emocional.  La persona mediadora explicará los principios y las características de la mediación y se abstendrá de hacer promesas o dar garantías acerca de posibles resultados de la mediación.

La incorporación o cese de la participación de personas en el proceso de mediación será una decisión de las partes protagonistas directas del conflicto, así como de la propia persona o equipo de mediación.

Del mismo modo, tanto las partes como la persona mediadora pueden decidir la celebración de una sesión individual con alguna o todas las partes siempre con una función necesaria respecto al proceso general.

La persona mediadora promoverá la comunicación clara, eficaz y respetuosa entre las partes y hacia ellas, con especial atención en caso de cualquier circunstancia personal o compartida que pueda alterar el desarrollo del proceso. En este sentido, aspectos relacionados con el conocimiento del idioma o dialecto, cuestiones de capacidad auditiva o de habilidad de comunicación, así como cualquier otra limitación que pueda condicionar la libre decisión o de movimientos de una de las partes en el proceso, debe ser considerada y adaptado, en su caso, el proceso, el lugar o el tiempo de las sesiones con el fin de facilitarles a esas personas el acceso al mismo.

B – Seguridad en el proceso
La persona mediadora velara por que las partes dispongan del asesoramiento suficiente para la libre determinación a lo largo de la mediación y que las partes tomen decisiones informadas.

Si la mediación se está utilizando para fines ilícitos, o la persona mediadora detecta violencia entre las partes, o detecta que la conducta de las partes, o la suya propia, pone en peligro la realización de la mediación conforme a estas normas, la mediadora tomara las medidas apropiadas, que incluirán en caso de necesidad, retrasar el proceso, retirarse de él, o poner fin a la mediación.

La persona mediadora velara por personas o entidades desprotegidas no representadas en la mediación, tal como niños/as, y personas mayores, que pudieran resultar afectadas por los resultados de la mediación.

La persona mediadora, velara por la estabilidad del acuerdo, promoviendo que este sea consensuado, claro, e informado.

La persona mediadora no podrá incorporar otra persona del equipo de mediación o colaboradora en el proceso, sin previa consulta y consiguiente aceptación de las partes. Con carácter previo a dicha incorporación, se deberá informar a las partes de dicha decisión o cualquier otro cambio de lugar o tiempo de celebración del proceso, para obtener el consentimiento o negación del mismo.

Si la persona mediadora tiene conocimiento de que las partes han tenido comportamientos agresivos o episodios de violencia, pudiendo ser éstos de diversa intensidad, deberá valorar y decidir, atendiendo a la situación concreta, la viabilidad de continuar con el proceso, posponerlo o interrumpirlo definitivamente.

Si la persona mediadora considera que la conducta o modo de participación de alguna de las partes en el proceso, incluso la propia conducta de la persona mediadora o equipo de mediación, pusieran en peligro el respeto y cumplimiento de

estos principios éticos, valorará la viabilidad de continuar con el proceso, pudiéndolo posponerlo o interrumpirlo definitivamente.

C – Eficacia en la mediación
La persona mediadora puede usar sesiones conjuntas o individuales con las partes, según el contexto del caso, y las técnicas y estrategias que ayuden a avanzar en el proceso, inclusive la comediación, manteniendo las normas de este código.

La persona mediadora procurara que la duración del proceso de la mediación sea la más breve posible, atendiendo a las necesidades de las partes.

La persona mediadora deberá dirigir el proceso de mediación basándose en estos principios, de modo diligente en la gestión del tiempo, garantizando la seguridad de las partes en su participación, el equilibrio de sus intervenciones, la legitimidad

de las partes en aquellos asuntos que vayan a tratar y el respeto mutuo entre todas las personas que intervengan.

En el caso de que a lo largo del desarrollo de un proceso de mediación se obtuviera la información de alguna de las partes de la intención manifiesta de llevar a cabo un comportamiento constitutivo de ilícito penal o haberlo realizado y esté pendiente de resolución judicial, la persona mediadora valorará la conveniencia de interrumpir el proceso, posponerlo o suspenderlo de forma definitiva.

Si se diera la situación de que a lo largo de un proceso de mediación se percibiera la dificultad en la comprensión por una de las partes, incluso limitaciones en su participación, la persona mediadora deberá explorar las circunstancias y el potencial de recursos personales que tiene esa persona para considerar la viabilidad de continuar con el proceso, en la medida que esa parte tenga capacidad para comprender

la dimensión del proceso y sus efectos, así como su capacidad de participar y tomar de forma autónoma decisiones y alcanzar acuerdos consensuados.

8 – CONFIDENCIALIDAD

A – La persona mediadora deberá mantener la confidencialidad de toda la información obtenida en el proceso salvo acuerdo expreso de las partes, en el sentido de que le autoricen conjuntamente a desvelar la información con una finalidad concreta identificada por las partes como deseada. En el caso de que se tratara de procesos multipartes, esta autorización debe ser expresa de cada una de ellas.

Otra fuente de excepción a la confidencialidad es por requerimiento legal y en casos expresos.

B – En el caso de que las partes pacten en el proceso que la persona mediadora puede desvelar alguna información obtenida durante el mismo, se considerará una excepción al principio de confidencialidad.

C – La persona mediadora no está autorizada a desvelar información sobre el proceso o el modo de evolucionar de las partes, a personas que no participan en la mediación.
En este sentido, se informará en caso de ser requerido judicialmente, de si las partes han iniciado el proceso y expresan interés en continuar, así como, en caso de haber finalizado, podrá informar de que se ha alcanzado o no algún acuerdo.

D – En el supuesto de que la persona mediadora realice actividades relacionadas con la docencia, investigación o evaluación en mediación, deberá proteger el anonimato de las partes y salvaguardar la confidencialidad de aspectos propios de las partes que hayan compartido durante el proceso.

E – En aquellos procesos en los que la persona mediadora mantenga sesiones individuales con alguna de las partes del conflicto, deberá tratar directamente este asunto de confidencialidad con esta persona con la que mantiene la sesión individual, quedando acordado el pacto de confidencialidad hacia el resto de personas que participan en el proceso o, en caso contrario, la expresa aceptación de que se comparta tal información.

F – La persona mediadora deberá facilitar la comprensión entre las partes, así como la importancia de mantener la confidencialidad de lo que se trate en el proceso, con mención expresa, en su caso, de no desvelar los aspectos que se desvelen en el proceso a personas de su entorno próximo, ya sean del ámbito familiar, laboral o social.

G – Atendiendo a las circunstancias del proceso, las partes pueden expresar la necesidad de diferentes niveles de confidencialidad ante el proceso. Es decir, las partes pueden pactar sus propias reglas con respecto a la confidencialidad, o por la trayectoria profesional de una persona o entidad mediadora se pueden establecer particularidades en función de personas con las que se pactan (por ejemplo, menores de edad o personas de edad avanzada o en situación de dependencia), así como por circunstancias de protección de menores que estén siendo tratadas en otros centros o instituciones.

9 – HONORARIOS Y OTROS COSTES DE LA MEDIACIÓN

A – La persona mediadora deberá aportar a cada parte en el proceso la información completa y precisa sobre las tarifas, honorarios y cualquier cuestión económica relacionada con el desarrollo y finalización, en su caso, del proceso.

B – En el supuesto de que la persona mediadora ofrezca tarifas diferentes en función del tipo de intervención, complejidad o número de personas participantes, tiempo de dedicación o resultado, o cualquier otro factor que determine el diseño del proceso, deberá anunciarse tal diversidad de honorarios desde el inicio del proceso para que todas las partes tengan conocimiento de ello y puedan establecer el modo en el que se responderá al pago de los mismos.

C – Las tarifas u honorarios de las personas que realizan una actividad privada en mediación deberán constar de forma escrita para el conocimiento de las partes.

D – La persona mediadora no podrá establecer tarifas o honorarios de un modo que pueda poner en peligro su imparcialidad en el proceso.

E – La persona mediadora no podrá incluir como condición al establecimiento de sus honorarios el resultado al que lleguen las partes en el proceso o la cantidad económica que pacten como acuerdo. Es decir, en ningún momento el carácter del acuerdo de las partes condicionará el precio del proceso, ya que en ese caso se rompería la imparcialidad ante las partes y la neutralidad ante el resultado.

10 – PUBLICIDAD E IMAGEN DE LA MEDIACIÓN

A- La persona mediadora deberá aportar información veraz y clara en todo anuncio que realice sobre su oferta de intervención en procesos de gestión de conflictos.

B – La persona mediadora no podrá facilitar datos personales de otras personas en la medida que esta información se haya obtenido en el proceso de mediación, excepto en aquellos casos que se haya solicitado autorización expresa para ello.

11- PROMOCIÓN, DIVULGACIÓN Y DESARROLLO DE LA MEDIACIÓN

A – La persona mediadora dirigirá su actuación a promover el desarrollo de la mediación, participando en actividades de difusión para generar conocimiento; favoreciendo la diversidad profesional, cultural, desde la amplitud de modelos y capacidad de compartir estilos diversos de intervencion; promocionando la oferta de mediación para que sea conocida y accesible a todos los agentes sociales; participación en estudios e investigaciones que promuevan el desarrollo de sistemas y modelos que redunden en la mejora de la calidad de estos procesos.

B – La persona mediadora deberá expresar respeto y colaboración con otros equipos o colectivos mediadores que, aun con diverso enfoque, escuela o modelo teórico de referencia, ofrezcan una intervención profesional ética en procesos de gestión de conflictos. Asimismo, participará en aquellos foros que permitan el intercambio profesional de reflexiones que favorezcan el desarrollo de la mediación y la mejora de calidad en la atención a la población que demanda procesos colaborativos de gestión de conflictos.

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